Lo que la ciencia está descubriendo sobre contracción muscular, ejercicio y cáncer.
Cuando pensamos en ejercicio solemos asociarlo con ganar fuerza, movernos mejor, mantener el equilibrio y conservar nuestra autonomía. Todo eso es cierto. Pero mientras entrenamos también ocurren cambios biológicos mucho menos visibles.
El músculo no solo produce movimiento. Cuando se contrae cambia su metabolismo, recibe y genera señales químicas, modifica el flujo sanguíneo y altera las fuerzas físicas que actúan sobre los tejidos.
Eso plantea una pregunta interesante:
¿Puede la contracción muscular influir de alguna manera en procesos relacionados con el cáncer?
La respuesta que ofrece hoy la ciencia es mucho más matizada que un sí o un no. Hay hallazgos experimentales muy sugerentes, mecanismos que se están investigando y, además, ensayos en personas que muestran beneficios clínicos del ejercicio en determinados contextos. Pero estas tres cosas no son equivalentes.
1. El corazón y una paradoja sorprendente
Los tumores primarios del corazón son extremadamente infrecuentes. Durante mucho tiempo esto se ha relacionado, entre otras razones, con características propias de las células cardíacas. En 2026, un trabajo publicado en Science añadió una pieza especialmente interesante: las fuerzas mecánicas.
Ciucci y colaboradores estudiaron modelos de cáncer in vivo y tejidos cardíacos diseñados ex vivo. Encontraron que la carga mecánica del tejido cardíaco podía reducir la proliferación de células cancerosas en esos modelos. También analizaron metástasis cardíacas humanas mediante técnicas de transcriptómica espacial para estudiar cómo las fuerzas físicas podían modificar la regulación de genes relacionados con la proliferación celular.
El mensaje importante es que las células no responden únicamente a hormonas, nutrientes o señales inmunológicas. También pueden responder a fuerzas físicas.
Eso es fascinante, pero conviene mantener la perspectiva: este trabajo no demuestra que movernos o hacer ejercicio sea un tratamiento directo contra un tumor, ni que podamos trasladar automáticamente lo observado en el corazón a cualquier otro tejido.

2. ¿Qué ocurre con el músculo esquelético?
El músculo esquelético representa una gran parte de nuestro cuerpo y está muy vascularizado. Sin embargo, tanto los tumores primarios del músculo como las metástasis que se establecen en él son relativamente poco frecuentes en comparación con su tamaño y su abundante riego sanguíneo.
¿Por qué? No existe una única explicación demostrada. Se investigan distintos factores: la arquitectura del tejido muscular, su metabolismo, el microambiente local, la respuesta inmunitaria, la matriz extracelular, el flujo sanguíneo y también las fuerzas repetidas de contracción y relajación.
Algunas revisiones científicas proponen que el músculo puede ser un entorno poco favorable para que determinadas células tumorales se implanten y prosperen. Pero muchas de estas explicaciones siguen siendo hipótesis mecanísticas.
Por tanto, hoy no podemos afirmar clínicamente que la contracción del músculo esquelético, por sí sola, proteja directamente frente al cáncer en una persona.
3. El músculo también se comunica
Hay otra razón por la que el músculo interesa tanto a los investigadores: actualmente se considera también un órgano endocrino.
Cuando el músculo se contrae puede liberar moléculas señalizadoras conocidas como mioquinas. Algunas actúan localmente y otras pueden pasar a la circulación y comunicarse con otros tejidos.
Entre las moléculas que se investigan en este contexto aparecen IL-6, IL-15, SPARC, oncostatina M, decorina e irisina. Cada una tiene funciones distintas y sus efectos dependen del contexto. No existe una única “mioquina anticáncer”.
Lo que se está estudiando es cómo estas señales pueden participar en procesos relacionados con el metabolismo, la inflamación, la inmunidad y el entorno que rodea a los tumores.


4. Qué pasa en la sangre después del ejercicio
Una línea de investigación especialmente interesante utiliza un diseño sencillo de entender.
Primero se obtiene sangre de una persona antes de hacer ejercicio. Después la persona realiza una sesión de ejercicio y se vuelve a extraer sangre. A continuación, el suero obtenido se aplica en el laboratorio a cultivos de células tumorales.
Una revisión sistemática publicada en 2026 reunió 14 estudios, con 423 participantes en total, que habían utilizado este tipo de modelo. Los autores encontraron que el suero recogido después de una sesión aguda de ejercicio, especialmente de intensidad moderada a alta, mostró efectos inhibidores sobre el crecimiento de distintas líneas celulares de cáncer in vitro, entre ellas de mama, próstata, colon y pulmón. En cambio, los resultados del suero obtenido tras programas de entrenamiento crónico fueron más variables.
Lo que significa: el ejercicio modifica temporalmente la composición de la sangre y esos cambios pueden influir sobre determinadas células tumorales en condiciones de laboratorio.
Lo que no significa: que un tumor dentro de una persona disminuya inmediatamente después de entrenar.
Esta diferencia entre lo que ocurre en una placa de laboratorio y lo que ocurre dentro de un organismo completo es esencial.
5. Del laboratorio a las personas: el estudio CHALLENGE
Cuando queremos saber si el ejercicio puede producir beneficios clínicos reales necesitamos ensayos realizados en personas. Uno de los más importantes de los últimos años es el ensayo CHALLENGE, publicado en 2025 en The New England Journal of Medicine.
Participaron 889 personas con cáncer de colon resecado que habían completado quimioterapia adyuvante. Se asignaron aleatoriamente a un programa estructurado de ejercicio durante tres años o a un grupo que recibió materiales de educación para la salud.
Tras una mediana de seguimiento de 7,9 años, la supervivencia libre de enfermedad fue significativamente mejor en el grupo de ejercicio. A los cinco años fue del 80,3 % frente al 73,9 % en el grupo de educación para la salud.
Los resultados también fueron compatibles con una mejor supervivencia global: a los ocho años fue del 90,3 % en el grupo de ejercicio frente al 83,2 % en el grupo de comparación.
Es un resultado clínico importante. Pero tampoco permite concluir que el beneficio se deba exclusivamente a la contracción muscular o a las mioquinas. Un programa de ejercicio modifica muchas cosas a la vez: condición física, metabolismo, composición corporal, inflamación, inmunidad, capacidad funcional y probablemente otros procesos que todavía estamos intentando comprender.
6. Entonces, ¿qué podemos afirmar?
Con la evidencia disponible podemos decir que el ejercicio modifica nuestra biología, y que la contracción muscular genera señales que pueden tener efectos más allá del propio músculo.
También sabemos que algunas de esas señales circulan por el organismo y que, en experimentos de laboratorio, el suero recogido después del ejercicio puede modificar el comportamiento de determinadas células tumorales.
Y contamos ya con ensayos clínicos en los que programas estructurados de ejercicio han producido beneficios importantes en grupos concretos de personas con cáncer.
Pero todavía no podemos afirmar de forma general que “contraer músculos frena el cáncer”. Esa frase mezclaría observaciones experimentales, hipótesis sobre mecanismos y resultados clínicos que deben interpretarse por separado.
7. Cada vez que entrenamos pasan más cosas de las que vemos
En Entreno Senior hablamos mucho de fuerza, movilidad, equilibrio y autonomía porque son capacidades que podemos notar y utilizar en nuestra vida cotidiana.
Pero el organismo es mucho más complejo. Mientras hacemos una sentadilla, caminamos, mantenemos el equilibrio o levantamos un peso, dentro del cuerpo están cambiando el metabolismo, la circulación, las señales químicas y la comunicación entre tejidos.
No entrenamos solamente para tener músculos fuertes. Entrenamos para conservar capacidad, autonomía, salud y calidad de vida.

Porque cada vez que el músculo trabaja, el cuerpo entero recibe el mensaje.
Si una persona está en tratamiento oncológico o se está recuperando de él, el ejercicio debe adaptarse a su situación clínica, sus síntomas y las indicaciones de su equipo sanitario.
Fuentes principales
Ciucci G, Lorizio D, Bartoloni N, et al. Mechanical load inhibits cancer growth in mouse and human hearts. Science. 2026;392(6796):eads9412. Publicación original.
Bettariga F, Taaffe DR, Borsati A, et al. Acute and chronic exercise-conditioned serum effects on cancer cells in vitro: a systematic review. Eur J Cancer Prev. 2026;35(3):222–234. Publicación original.
Courneya KS, Vardy JL, O’Callaghan CJ, et al.; CHALLENGE Investigators. Structured Exercise after Adjuvant Chemotherapy for Colon Cancer. N Engl J Med. 2025;393:13–25. Publicación original.
Kump DS. Mechanisms Underlying the Rarity of Skeletal Muscle Cancers. Int J Mol Sci. 2024;25(12):6480. Publicación original.
Saunders AAE, Thomson RE, Goodman CA, et al. Striated muscle: an inadequate soil for cancers. Cancer Metastasis Rev. 2024;43:1511–1527. Publicación original.

